Anthony Pym,María Moro Prieto José Manuel Bustos Gisbert Estudios de traducción en Europa – motivaciones y problemas sobre los que trabajar

Traducción
Estudios de traducción en Europa – motivaciones y problemas sobre los que trabajar [Translation Studies in Europe – reasons for it, and problems to work on]

Anthony PymUniversitat Rovira i Virgili

Traducción por María Moro Prieto bajo la supervisión de José Manuel Bustos GisbertUniversity of SalamancaDepartment of Translation and Interpreting

La Unión Europea, como contexto sociopolítico para la investigación en traducción, promete todo su apoyo al multilingüismo, a una democracia territorial inclusiva, a un gobierno transparente y al estado de bienestar. Goza, asimismo, de los fondos públicos suficientes para perseguir esos objetivos con seriedad. Todos estos aspectos afectan a la traducción, no solo por generar una demanda social de traducciones, sino también, y lo que es más importante, por proporcionar a nuestra investigación una dimensión ético-política, además de la demanda de diferentes mercados. Sin embargo, al comparar las consecuencias de estos compromisos con la investigación europea y las políticas públicas relativas a la traducción que se impulsan en la realidad, se observan varias carencias. Dicha comparación sugiere que, en el futuro, los estudios de traducción en Europa deberían incluir (1) especial atención más allá de las principales lenguas territoriales; (2) un mejor intercambio con las disciplinas más cercanas, especialmente con investigadores que estudien la adquisición de lenguas; (3) la asunción de que la comunicación por medio de la traducción debería implicar participación e interacción, además de la información pública; (4) un cuestionamiento de la forma de traducción occidental como el modelo más apropiado para una gobernanza interlingüística e interactiva; y (5) experimentación con tecnologías que estimulen la implicación ciudadana.

Palabras clave:
  • Unión Europea,
  • estudios de traducción,
  • política lingüística,
  • interdisciplinaridad,
  • implicación comunicativa
Tabla de contenidos

«What have the Romans ever done for us?»

[«¿Qué han hecho los romanos por nosotros?»]Monty Python, La vida de Brian (1979)

Por suerte o por desgracia, escribo en calidad de presidente de la European Society for Translation Studies (EST). El adjetivo «europeo» es, por ende, un adorno o una carga que he heredado y que quizás podría haber rechazado si me hubiera unido a otra asociación. También escribo como extraeuropeo en lo que a cultura se refiere, como alguien nacido en Australia y que ahora pasa la mitad del año académico trabajando en Estados Unidos. Así pues, la parte «europea» fue y sigue siendo opcional; merece la pena, por consiguiente, reflexionar sobre ello desde una perspectiva personal. Además, desde el punto de vista institucional, cuando, en 1992 se fundó la EST (aunque el acta de constitución se registró en 1993), se debatió si debía ser siquiera «europea». El acta de constitución, redactada en alemán, no dice nada sobre Europa y menciona de forma explícita que la EST «shall be active on an international level» [«debe ser activa a nivel internacional»] (Artículo 1.2).Contamos, en efecto, con numerosos miembros de países no europeos. Se rumorea que originalmente se incluyó el adjetivo «Europea» con la idea de atraer subvenciones para la investigación, un sueño truncado durante la mayor parte de la historia de la Sociedad.11.En los años 2011–12 y en 2012–13, la EST participó en dos proyectos de investigación para la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea, uno llamado The Status of the Translation Profession y otro denominado Translation and Language Learning. El adjetivo «europeo» puede, por tanto, habernos ayudado a atraer no precisamente subvenciones, sino simplemente dinero, pagado por la investigación realizada. Conviene señalar que fue la propia Dirección General de Traducción (¡y no los investigadores!) la que impulsó la conexión entre la Comisión Europea y la investigación en traducción, y la que convocó licitaciones expresamente para la investigación en la disciplina.

Los conversos tienden a ser los mayores entusiastas; así que, cuidado: explicaré por qué creo que es positivo estudiar traducción (en un sentido amplio) en Europa y trataré de señalar algunos problemas europeos que considero que nuestra disciplina debería esforzarse por solucionar.

1.Cinco razones para estudiar traducción en Europa

Nada indica que todo lo que hagamos en Europa vaya a ser inmediatamente beneficioso o extrapolable a cualquier otra parte del mundo. No podemos argumentar que «seamos pioneros» en nada. Más bien al contrario: en una era en la que muchos exigen más enfoques no occidentales en los estudios de traducción y en la que, de forma legítima, se considera a Europa parte de la hegemonía occidental que gobierna la globalización de todo aspecto cultural, cualquier intento de defender Europa supone hacer de abogado del diablo. No obstante, el ejercicio intelectual puede resultar instructivo. Por tanto, he aquí algunas de las razones para estudiar traducción en Europa en vez de en cualquier otro lugar.

1.Europa invierte en un modelo de sociedad multicultural y multilingüe

Sin duda, en el seno de la Unión Europea (una entidad política con 24 lenguas oficiales en la actualidad), Europa no solo ha apoyado con palabras el modelo de una sociedad multicultural y multilingüe, sino que también ha formulado políticas serias orientadas a este objetivo y ha invertido cantidades importantes de dinero en ello. Esto supone, entre otras muchas cosas, un deseo político general de que cada ciudadano europeo hable otro idioma además de su lengua materna (una variante del «objetivo de Barcelona» de 2002, enfocado a conseguir que cada ciudadano dominara otras dos lenguas además de la materna) y la aprobación de leyes que aseguren servicios lingüísticos, especialmente en procedimientos penales (Directiva 2010/64/EU). Existen muchos problemas con respecto a estos objetivos y leyes (los analizaremos más adelante), aunque el hecho de que se formulen en las grandes esferas políticas es algo relativamente excepcional y, por lo general, admirable.

La profundización en la formación traductora en Europa y su desarrollo a largo plazo son inherentes a esta inversión política y social. Las grandes escuelas de traducción actuales se crearon en torno a los márgenes de un Tercer Reich derrotado (en realidad, algunas incluso antes). Nuestras organizaciones internacionales (FIT, AIIC, CIUTI) se fundaron en Europa y en francés, y calculo que alrededor del 43% de las 500 escuelas de traducción de nivel universitario existentes en la actualidad se encuentra en Europa.22. http://​isg​.urv​.es​/tti​/tti​.htm recoge unas 503 instituciones de formación de traductores (en 2013), aunque esta cifra debería ser sin duda más alta, dada la tasa de crecimiento en China, donde se abren alrededor de 10 programas nuevos cada año. Puede que se trate de una señal para invertir en traducción (sí, también es una reacción a las economías globalizadas y al desempleo juvenil, pero estos factores podrían haber llevado a todo el mundo a estudiar comercio en inglés). Y tal inversión, con altas cifras de matrícula y con la proliferación de programas nuevos, es fundamentalmente lo que mantiene nuestra investigación activa: un mayor número de alumnos conlleva una mayor demanda de profesores de Universidad. Y estos últimos normalmente necesitan doctorados y publicaciones como requisito para ejercer. Este mecanismo pecuniario tan poco noble es lo que ha desencadenado el éxito institucional (y la precariedad científica) de los estudios de traducción. No deberíamos olvidarlo.

Otras partes del mundo, especialmente Estados Unidos y la República Popular de China, no han destinado tanta inversión a un modelo de sociedad multicultural y multilingüe. Por tanto, han llegado relativamente tarde a los estudios de traducción y de formas muy distintas: a modo de teorización derivado de la literatura comparada y de los estudios culturales en Estados Unidos, y como consecuencia de una economía impulsada por la exportación en China.

2.Europa ha desarrollado un modelo viable de democracia territorial

Gracias a su larga y no siempre agradable historia, Europa se gobierna en términos de Estado nación. Como unidad democrática, es posible que este modelo sea incluso una invención europea, dado que ha tenido consecuencias desastrosas cuando se ha impuesto en otras partes del mundo (idealmente, requiere una educación universal y un tribalismo limitado). A pesar de todos sus males, el Estado nación tiene sus virtudes. Existe un argumento inspirado en Habermas a favor de un territorio en el que los ciudadanos tienen el derecho y la obligación de participar en los procesos políticos, «the addressees of law must be in a position to see themselves at the same time as authors of those laws to which they are subject» [«los destinatarios de la ley deben estar en condiciones de considerarse, al mismo tiempo, autores de las leyes a las que están sujetos»] (Habermas 1995, 852). A pesar de los mil retos que se presentan, esta podría seguir siendo nuestra mejor opción para una democracia viable.

¿Por qué debería importar el Estado nación? Una consecuencia del ideal de Habermas es que todos los ciudadanos de una sociedad multilingüe no solo deberían ser capaces de entender las leyes a las que están sujetos (donde el papel de la traducción es obvio), sino que también deberían dominar los idiomas necesarios para sentir que participan en los procesos mediante los cuales se redactan las leyes. En un sistema gubernamental con más de un puñado de idiomas, algunos mecanismos de acceso lingüístico deben darse a través de la traducción, por lo menos en lo relativo a las leyes y, lo que es más importante, en los diversos puntos de la participación pública, real o en potencia (Pym 2012).

El principio de territorialidad, junto con el compromiso con el multilingüismo, genera una fuerte necesidad política de acceder a los textos en una gran variedad de idiomas y, por ende, de traducción (junto con el aprendizaje de idiomas, aún concebido erróneamente como algo opuesto a la traducción). Este principio es importante porque significa que, sin importar qué definición de ciudadanía esté operativa, no se debería excluir a nadie basándose en el idioma. Ese sencillo precepto debería generar una demanda social de traducciones y, por consiguiente, de investigación.

3.Europa cuenta con administraciones públicas relativamente transparentes

Digan lo que digan sobre lo mal que funcionan las cosas en Europa, nuestros países obtienen una puntuación muy buena en los diversos índices de «corrupción», denominados formalmente niveles de transparencia pública. Esto no quiere decir que los países europeos sean los únicos con administraciones relativamente limpias (nada más lejos de la realidad, como se deja claro en la Tabla 1); tampoco sugiere que toda Europa esté en el mismo barco (esto sería muy poco probable si tenemos en cuenta que, en la clasificación, por debajo de los 20 primeros, España se encuentra en el puesto 30, Portugal en el 33, Italia en el 72 y Grecia en el 99). Con todo, la media europea sigue siendo alta gracias a nuestra relativa riqueza, los elevados niveles de educación y la capacidad de pagar a los funcionarios más o menos lo que se merecen. Por tanto, podemos regocijarnos con que sea probable que las medidas públicas se implementen de verdad, que quizás se imponga el mérito y que la eficiencia cuente algo en algún sitio.

La combinación de esos factores (fomentando una acción que se base en la política, en las ideas y en la medida de criterios de éxito, en lugar de en los contactos personales) debería significar que existe una necesidad real de investigación y que sus resultados podrían afectar de verdad a la acción pública.

Tabla 1.Índice de Percepción de la Corrupción de 2012: Los veinte países con las puntuaciones más altas (tomado de Transparency International: http://​www​.transparency​.org/)
1 Dinamarca 11 Islandia
2 Finlandia 12 Luxemburgo
3 Nueva Zelanda 13 Alemania
4 Suecia 14 Hong Kong
5 Singapur 15 Barbados
6 Suiza 16 Bélgica
7 Australia 17 Japón
8 Noruega 18 Reino Unido
9 Canadá 19 Estados Unidos
10 Países Bajos 20 Chile

4.Europa ha desarrollado un modelo viable de estado de bienestar

Se puede decir mucho a favor y en contra de los estados de bienestar. Sin embargo, lo que me preocupa en este contexto es bastante específico: cuando trabajamos en la provisión de servicios lingüísticos junto con las instituciones gubernamentales y dentro de ellas, no lo estamos haciendo exclusivamente con fines lucrativos. La investigación, por tanto, puede orientarse a objetivos que no estén exclusivamente dirigidos por los mercados; podemos vincular nuestras motivaciones con cuestiones como los derechos lingüísticos (si conseguimos definir qué son) y podemos plantear argumentos que no se juzguen enteramente en función del éxito comercial. Naturalmente, ese tipo de argumento también se puede proponer desde la defensa de los idiomas no solo a través de la traducción, sino también mediante el aprendizaje o la intercomprensión (conversaciones multilingües), aunque eso no es una preocupación exclusivamente europea. Lo que sugiero es que nuestra conexión más particular y funcional con los derechos sea a través del modelo del estado de bienestar operativo en una sociedad multilingüe. En un territorio dado, sus ciudadanos no solo deberían sentirse autores de las leyes, sino que también deberían mostrar una preocupación constante por el bienestar básico de los demás, al menos, aunque sea por interés mutuo. Parte de ese sentimiento y de esa preocupación llegará por medio de la traducción. Nuestros conocimientos sobre la traducción y sobre para qué se puede utilizar afecta, por tanto, a algo más que a un mercado a corto plazo.33.El alcance de esta mentalidad se puede ilustrar con un ejemplo: hay algo definitivamente antieuropeo en una asociación de intérpretes que es, de hecho, una empresa propiedad de dos personas, tal y como ocurre en Estados Unidos hoy en día (véase http://​www​.interpretamerica​.net/). Por otro lado, uno puede disfrutar con la Asociación Internacional de Profesionales Traductores e Intérpretes, que hace un uso mucho más simbólico de la ética y que critica abiertamente a una agencia de traducción argentina que «es famosa en la comunidad traductora por pagar tarifas bajas a sus traductores autónomos» (http://​www​.aipti​.org​/eng​/speaks​-out​/art6​-iaptis​-official​-protest​-against​-prize​-awarded​-to​-translation​-back​-office​.html). De hecho, sería algo ejemplar si el presidente de la asociación, que firma la protesta, no fuera el propietario de una agencia de traducción rival en el mismo país.

5.Europa es relativamente rica; todavía

Pese a recesiones de diferentes magnitudes, los países europeos se encuentran entre los primeros del mundo en renta per cápita (sobre todo si descartamos la riqueza de otros países que proviene del petróleo, de las apuestas y de la banca extraterritorial). Nuestros países, tanto individual como colectivamente, pueden invertir grandes cantidades en proyectos con visión de futuro, puesto que cuentan con dinero para investigación y tecnología. Esto significa, en parte, asumir unos riesgos básicos: invertimos en experimentos y tecnologías caros con la esperanza y con la confianza de que, a largo plazo, harán que nuestra comunicación sea significativamente más barata, más elegante e incluso más fascinante.

Sin esta relativa riqueza y sin los riesgos a largo plazo que gracias a ella se pueden asumir resulta complicado conectar con seriedad el campo de los servicios lingüísticos con las nuevas tecnologías. De hecho, el tipo de inversiones de las que estamos hablando se realizan también en otros países relativamente ricos, sobre todo en Estados Unidos y Canadá.

Sin embargo, en Europa (y, sí, en Canadá también) tales inversiones se ven favorecidas por los factores que he mencionado: derechos multilingües, transparencia, democracia y estado de bienestar. En resumen, la inversión también se puede relacionar con perspectivas ético-sociales y no solo con beneficios económicos.

Estas son, entonces, las cinco motivaciones para trabajar con Europa y dentro de ella. Evidentemente, no implican la exclusión de ninguna otra parte del mundo. La actitud adecuada podría ser más bien esta: «Aquí estoy y aquí es donde trabajo; este es el tipo de asuntos que quiero ayudar a solucionar y, si otros se pueden beneficiar de lo que hago, mucho mejor». No estoy convencido en absoluto de que esto sea suficiente como para construir un posicionamiento ético, pero por lo menos se trata de un punto de vista realista y muchos de nosotros cada día trabajamos a partir de él.

2.Cinco razones por las que se necesita mejorar los estudios de traducción en Europa

A medida que reflexionaba sobre esas cinco virtudes relativas de Europa, se me ocurrió que aún queda mucho por hacer con respecto a cada una de ellas. Así que ahora propongo retomar esos cinco encabezamientos y plantear a qué distancia estamos de la situación ideal. Aunque quizás sea posible analizar las cinco cualidades potenciales directamente en función de los aspectos que deberíamos estar estudiando (derechos lingüísticos, traducción e interpretación comunitarias y el uso de tecnologías aplicadas a la traducción, por ejemplo), no tengo intención de legislar sobre tales aspectos: las personas deberían investigar sobre aquello que más les motive. En cambio, me gustaría ser un poco más aventurero. Me intrigan más los tipos de investigación que empleamos, cómo y, sobre todo, a quién comunicamos nuestro conocimiento. Por el camino, puede que aparezcan algunas ideas sobre cómo deberíamos abordar los estudios de traducción en Europa.

1.¿Un multilingüismo para quién?

El compromiso europeo con el multilingüismo es digno de elogio. Sin embargo, su práctica, tal como la encontramos en las instituciones de la Unión Europea e incluso en la propia Dirección General de Traducción, está muy orientada a la defensa de las lenguas europeas mayoritarias, las que son oficiales en todo el territorio de un Estado miembro. Para que quede claro, esa lista ahora abarca 24 idiomas oficiales, lo cual es una pesadilla burocrática en sí misma. Pero la imposibilidad económica de proporcionar servicios completos en todos esos idiomas (y es aquí, de hecho, donde entra la traducción) genera preguntas básicas sobre el significado del multilingüismo.44.En los siguientes párrafos recurro al material estudiado para el proyecto de investigación denominado Translation and Language Learning (http://​www​.est​-translationstudies​.org​/research​/2012​_DGT​/tll​.html).

En el 2002, el Consejo Europeo, reunido en Barcelona, pidió que se enseñaran al menos dos lenguas extranjeras a todos los ciudadanos europeos. Este objetivo político aceptaba implícitamente, aunque no obligatoriamente, que para la movilidad en Europa serían necesarias personas que hablaran muchos idiomas (de ahí el «poliglotismo» o el «plurilingüismo» en otra jerga). Y, de hecho, aceptaba también que los europeos tendrían que moverse. Una economía está sentenciada a desigualdades e injusticias económicas cuando en ella se mueve el capital, pero no el trabajo. Sin una intervención política, esto se convertiría en una Europa de poliglotismo del tipo 1+1 (todo ciudadano domina una lengua materna y el inglés); con una intervención a favor del modelo 1+2, las lenguas coloniales que no fueran el inglés podrían conservar algo de dignidad histórica. Así pues, el «objetivo de Barcelona» se puede considerar un compromiso tácito.

Se convirtió entonces en la base para una larga serie de documentos de planificación y política sobre la enseñanza de idiomas: el «Plan de acción sobre el aprendizaje de las lenguas y la diversidad lingüística» (Comisión Europea, 2003), en el que se reconocía que la mejora de la enseñanza de idiomas era un elemento fundamental para lograr ese objetivo; el informe acerca de los «Principios pedagógicos fundamentales subyacente a la enseñanza de idiomas a alumnos de muy corta edad» (Edelenbos et al. 2006), que contenía un análisis sobre la investigación del aprendizaje de idiomas en la actualidad; el «Marco de referencia europeo de competencias clave para el aprendizaje permanente» (Comisión Europea 2007a), que hablaba del dominio de un idioma en función de las cuatro destrezas lingüísticas básicas tradicionales; y el informe sobre «La diversidad de la enseñanza de idiomas en la Unión Europea» (Strubell et al. 2007). Mientras tanto, se han recopilado datos acerca del progreso en el aprendizaje de idiomas en los resúmenes de Eurydice sobre «Cifras clave de la enseñanza de lenguas en centros escolares de Europa» (2005, 2008, 2012); en las encuestas del Eurobarómetro acerca de «Los europeos y sus lenguas» (2006, 2012), que incluyen información sobre las formas más comunes y efectivas de aprender un idioma; y en la «Primera encuesta europea sobre competencias lingüísticas: informe final» (Comisión Europea 2011a). Diez años después de la formulación del objetivo 1+2, la encuesta del Eurobarómetro de 2012 recogía que solo hay ocho Estados miembros de la UE, principalmente aquellos con poblaciones reducidas, donde más de la mitad de la población alcanza realmente el objetivo.55.Luxemburgo, Países Bajos, Eslovenia, Malta, Dinamarca, Letonia, Lituania y Estonia. Véase el Special Eurobarometer 386. Europeans and their Languages (Eurobarometer 2012, 13): http://​ec​.europa​.eu​/languages​/languages​-of​-europe​/eurobarometer​-survey​_en​.htm.

Estos documentos, por tediosos, repetitivos e idealistas que sean, representan una gran inversión política y económica en una Europa políglota pero que ha alcanzado un resultado mediocre. Cabe destacar que ninguno de esos escritos (que abarcan el período de diez años comprendido entre 2002 y 2012) menciona la traducción, ni siquiera como una forma de aprender, enseñar o evaluar un idioma.

Paralelamente al discurso oficial sobre el aprendizaje de idiomas, se han redactado documentos de política general sobre el multilingüismo (entendido aquí como el uso de varios idiomas dentro de una sociedad), repletos de referencias a la traducción. En la «Nueva estrategia marco para el multilingüismo» (Comisión Europea 2005a), la provisión de servicios de traducción e interpretación, y muy especialmente, el desarrollo de tecnologías electrónicas de traducción se consideran elementos importantes para el fomento del multilingüismo. El «Informe del Grupo de alto nivel sobre el multilingüismo» (Comisión Europea 2007b) recogía que el multilingüismo se debería mejorar con el aumento de la formación de traductores profesionales y con más traducciones de obras literarias. El papel de la traducción se detalló en profundidad en el documento normativo de 2008, «Multilingüismo: un bien para Europa y un compromiso compartido», que destacaba que «the media, new technologies and human and automatic translation services can bring the increasing variety of languages and cultures in the EU closer to citizens and provide the means to cross language barriers» [«los medios de comunicación, las nuevas tecnologías y los servicios de traducción automática y humana pueden acercar la creciente variedad de idiomas y culturas de la UE a los ciudadanos y proporcionar los medios para cruzar barreras lingüísticas»] (Comisión Europea 2008; la cursiva es nuestra).

Lo más extraño de estos documentos acerca del multilingüismo es que ninguno de ellos relaciona de forma clara la traducción con el aprendizaje de idiomas. La traducción se menciona, por supuesto, pero siempre en secciones que quedan algo alejadas de los comentarios referidos a la mejora de la enseñanza de idiomas. Los estudiantes de idiomas aprenden idiomas; los traductores profesionales traducen; y estas dos figuras se consideran opuestas y complementarias. Las personas deberían aprender idiomas; y cuando no pueden, es entonces cuando la traducción se hace necesaria.

Según ese razonamiento, cuantas más personas aprendan idiomas, menos se necesitará la traducción; y cuantas más traducciones se proporcionen, menos personas estarán obligadas a aprender idiomas. Desafortunadamente, un vistazo rápido a cualquiera de las estadísticas debería demostrar que el mundo no funciona así: a medida que el aprendizaje de idiomas se extiende (especialmente por el uso del inglés como lengua franca), también lo hace el empleo de la traducción (Pym 2006, 2008). En los documentos políticos hay algo que se nos escapa.

Existe, no obstante, un tercer tipo de política disponible. El «Marco común europeo de referencia para las lenguas» afecta no solo a la adquisición de las cuatro habilidades lingüísticas básicas (expresión oral, comprensión auditiva, expresión escrita y comprensión lectora), sino que también prevé lo que los estudiantes harán con sus competencias en un mundo multilingüe: «Learners are also enabled to mediate, through interpretation and translation, between speakers of the two languages concerned who cannot communicate directly »[«Capacitan también a los alumnos para mediar, a través de la interpretación y de la traducción, entre hablantes que no pueden comunicarse de forma directa»] (Consejo de Europa 2001, 43; la cursiva es nuestra). En efecto, la traducción y la interpretación se convierten aquí en parte de una quinta habilidad lingüística fundamental (además de las cuatro mencionadas) y esa lógica es potencialmente iluminadora. En lugar de sustituir o compensar el aprendizaje de idiomas, la traducción es ahora uno de los objetivos y aplicaciones del aprendizaje de lenguas en sí mismo.

¿Alguien ha visto esa luz? En absoluto. En nuestra investigación sobre las actitudes ante la traducción en las asignaturas de idiomas (véase el proyecto Translation and Language Learning, 2012–13), numerosos expertos y profesores, especialmente en Alemania, respondieron que cada vez utilizaban más las actividades de «mediación», pero no las de «traducción», ya que estas últimas se consideran un ejercicio de sustitución en el nivel de la oración. En un informe sobre la «Mediación cultural y la enseñanza y aprendizaje de idiomas» (Zarate et al., 2004) se llega al extremo de afirmar que la traducción equivale a «a reformulating activity that obscures all the challenges to intercultural communication which conceal the dysfunctions of a type of communication between partners based on different value systems» [«una actividad de reformulación que esconde todos los desafíos de la comunicación intercultural, que oculta las disfunciones de un tipo de comunicación entre interlocutores basados en sistemas de valores diferentes»] (2004,12).66.Uno se fija en la forma literal en la que se tradujo esta oración del francés hacia el inglés en Austria. Al menos, el traductor puso en práctica lo que el documento predica. También existe otro pequeño problema: la ofuscación aparentemente atribuida a la traducción seguramente debería ser vista a través de la mente que traduce. Los supuestos efectos de la traducción no tienen por qué confundirse con los beneficios educativos de traducir.

¿Qué ha pasado? En primer lugar, ninguno de estos expertos, profesores y legisladores parece ser consciente, en absoluto, del trabajo realizado en los estudios de traducción a lo largo de las tres últimas décadas, especialmente en lo que se refiere a la ampliación del concepto mismo de traducción para incluir prácticamente todo el conocimiento social y cultural que los diversos críticos quieren considerar parte del aprendizaje de idiomas. Incluso el nombre de Nida les resultaría nuevo a estas personas, sin mencionar la teoría del Skopos, los aspectos culturales y la asunción general de que la traducción es un tipo de transformación.

En segundo lugar, el término clave que prefieren hoy en día los expertos en el aprendizaje de idiomas es el de «mediación», especialmente en alemán (Sprachmittlung). Lo extraño es que, al menos desde 1940, el término Sprachmittler (mediador lingüístico) se usa en relación con la traducción y la interpretación;77.Otto Monnien, 1940. “Dolmetscher – Sprachmittler.” En Der Sprachmittler. Mitteilungen der Reichsfachschaft für das Dolmetscher- und Übersetzerwesen in der Rechtsfront 1(1): 1–2. Citado en Salevsky 1998 (cf. Wilss 1999, 11; Pöchhacker 2006, 227). en cambio, Sprachmittlung (mediación lingüística) se utilizaba en los setenta como término general para la comunicación interlingüística en la Escuela de Traductología de Leipzig (cf. Kade 1968, 1977): como un hiperónimo que incluía de forma explícita la traducción y la interpretación (las cuales quedaban agrupadas como Traducción en un solo término en alemán,). En este sistema terminológico, «mediación» era el término general destinado a todo lo que se puede realizar para comunicarse entre diferentes idiomas, mientras que «traducción» e «interpretación» eran formas específicas de una mediación constreñida por la equivalencia. Al mismo tiempo, sin embargo, la palabra «mediación» estaba tomando un significado ligeramente diferente dentro del campo de la investigación sobre el bilingüismo (cf. Pöchhacker 2006, 217). Knapp y Knapp-Potthoff (1985) empleaban el término Sprachmitteln (mediar lingüísticamente) para describir las actuaciones en la comunicación cara a cara de bilingües sin formación. Esto es lo que los estudios de traducción han llamado «traducción natural» (según Harris 1976).

Y así hemos llegado a una situación en la que el término «traducción» ha adquirido un sentido muy restringido (y restrictivo) en el aprendizaje de idiomas al mismo tiempo que se ha convertido prácticamente en un sinónimo de «mediación» en los estudios de traducción en alemán. Cuando hablamos con expertos de la adquisición del lenguaje, empleamos las mismas palabras para referirnos a cosas diferentes. Y eso significa que en realidad no nos estamos entendiendo con ellos. De ahí el fracaso histórico de conectar la traducción con el aprendizaje de idiomas y el de considerarla en los documentos normativos solo como la segunda mejor opción o el último recurso; algo a lo que acogerse cuando los profesores no han sido capaces de producir suficientes políglotas.

2.¿El territorio de quién?

Ya he mencionado las virtudes de la democracia territorial, para la cual se necesita una comunicación entre todos los ciudadanos, que están sujetos a las mismas leyes en un espacio geográfico dado. Los problemas con este principio surgen cuando nos preguntamos qué relación existe entre el territorio y el idioma, y empezamos a ver que probablemente no debería haber ninguna.

A principios de los noventa, Florian Coulmas manifestó algunas de las dudas fundamentales sobre el principio de territorialidad, cuando argumentó que «the [then] European Community has been used by member states to defend their languages’ privileged position rather than being given the chance to produce a language policy of its own» [«los Estados miembros han usado la Comunidad Europea (de entonces) para defender la posición privilegiada de sus lenguas en lugar de tener la oportunidad de formular una política lingüística propia»] (1991,8). Es decir, los idiomas que son hablados en la mayor parte del territorio, tal vez por la mayor parte de la población, están destinados a ser más utilizados como lenguas de trabajo y, por lo tanto, son los más traducidos. Según el Tratado de Roma (1957), las lenguas oficiales de la Unión Europea son aquellas que lo son en todo el territorio de un Estado miembro. Esto, en efecto, quiere decir que la Unión Europea no tiene su propia selección de lenguas oficiales y que el territorio es el principio según el cual se aplica la subsidiariedad en este ámbito. También significa que los servicios oficiales de traducción en el nivel de la Unión Europea se realizan entre las lenguas seleccionadas.

En los noventa, este principio se consideraba problemático debido a la creciente importancia de muchas lenguas que son cooficiales en algunas partes de los Estados miembros, como el galés, el euskera o el catalán. Aunque la traducción oficial no eleva el estatus y la estabilidad de estos idiomas, sí lo hace en el caso del maltés, por ejemplo, que tiene menos hablantes. Sin embargo, la formulación de ese problema se seguía basando en el principio de territorialidad. De hecho, la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos, aprobada en Barcelona 1998, consagra el principio de territorialidad con una distinción precaria y difícil entre una «lengua propia de un territorio»,88.Una «lengua propia de un territorio» es la de una «comunidad lingüística», definida como «any human society established historically in a particular territorial space, whether this space be recognized or not, which identifies itself as a people and has developed a common language as a natural means of communication and cultural cohesion among its members» [«toda sociedad humana que, asentada históricamente en un espacio territorial determinado, reconocido o no, se autoidentifica como pueblo y ha desarrollado una lengua común como medio de comunicación natural y de cohesión cultural entre sus miembros»]. Declaración Universal, Artículo 1. hablada por una «comunidad lingüística», y un idioma hablado por «grupos lingüísticos», como los de los «immigrants, refugees, deported persons and members of diasporas» [«inmigrantes, refugiados, deportados o miembros de las diásporas»] (Artículo 1). La Declaración Universal afirma que los «grupos» deben mantener una relación de integración con las «comunidades», por lo que las lenguas que están en su propio territorio tienen más derechos que las que se encuentran fuera del suyo.

Por ejemplo (y es algo que afecta particularmente a quienes redactaron el documento), el catalán debería utilizarse en el territorio de Cataluña y en los tribunales (por lo tanto, encontramos una gran cantidad de traducciones), mientras que no existe tal obligación a la hora de conceder los mismos derechos al árabe, lengua de muchos inmigrantes. Según el principio de territorialidad, algunos idiomas se traducen mucho más que otros (aunque uno puede hasta pasarlo bien si calcula los siglos en los que el árabe fue lengua territorial en algunas partes de Cataluña). En los tribunales, por ejemplo, una lengua no territorial no tiene derechos per se, aunque «everyone has the right, in all cases, to be tried in a language which he/she understands and can speak and to obtain the services of an interpreter free of charge» [«todo el mundo tiene derecho a ser juzgado en una lengua que le sea comprensible y pueda hablar, o a obtener gratuitamente el servicio de un intérprete»] (Artículo 20/2). Si un inmigrante marroquí habla algo de español o de francés, se le puede juzgar en esas lenguas. Los derechos afectan a la persona, no a los idiomas.

Lo que es mera ideología en la Declaración Universal se convierte en obligación legal en la Directiva 2010/64/UE,99.Directiva 2010/64/EU del Parlamento Europeo y del Consejo del 20 de octubre de 2010 sobre el derecho a la traducción y a la interpretación en procesos penales: https://​eur​-lex​.europa​.eu​/LexUriServ​/LexUriServ​.do​?uri​=OJ:L:2010:280:0001:0007:es:PDF La directiva afirma que se debería garantizar asistencia lingüística gratuita y adecuada a los sospechosos o acusados. El único criterio de calidad es que este servicio de traducción e interpretación permita al sospechoso o al acusado «el pleno ejercicio del derecho a la defensa y que salvaguarde la equidad del proceso». (17) que busca garantizar el acceso a una traducción y una interpretación de calidad en los procesos penales. Esta directiva establece que el acusado debe ser capaz de «ejercer plenamente su derecho de defensa y salvaguardar la equidad del proceso» (17). No especifica en qué idiomas deben prestarse esos servicios (es decir, no se hace referencia a una L1 o lengua materna), por lo que no hay un intento de salvaguardar o proteger las lenguas no territoriales. Además, la directiva apenas se pronuncia sobre quién está capacitado para traducir: «In order to promote the adequacy of interpretation and translation and efficient access thereto, Member States shall endeavor to establish a register or registers of independent translators and interpreters who are appropriately qualified» [«Con objeto de fomentar la idoneidad de la interpretación y traducción, así como un acceso eficaz a las mismas, los Estados miembros se esforzarán por establecer uno o varios registros de traductores e intérpretes independientes debidamente cualificados»] (5/2). La directiva no hace referencia a ninguna indicación de lo que podría significar «debidamente cualificado».

El caso es que las políticas lingüísticas europeas, basadas en el Estado nación, requieren servicios de traducción entre las lenguas territoriales de Europa, pero, en el mejor de los casos, son poco precisas en lo que respecta a los servicios prestados en las numerosas lenguas de los inmigrantes. El problema es que esos idiomas representan precisamente los ámbitos en los que nuestros servicios de traducción están fallando. Hay poca educación formal sobre ellos y traductores e intérpretes tienden a contar con poca formación en la prestación de estos servicios. En España y en el Reino Unido son las empresas privadas, con fines lucrativos, las que contratan los servicios de traducción e interpretación para los sistemas judiciales. En ambos países los resultados son desastrosos.

La democracia territorial crea una necesidad social de servicios de traducción y eso es algo muy positivo. Sin embargo, la aplicación del principio de territorialidad sigue generando muchas dudas, ya que algunas lenguas privilegiadas son las principales emisarias y destinatarias de las traducciones, y otras son objeto de escasa formación, profesionalidad e investigación en los estudios de traducción.

3.¿Transparente para quién?

He presupuesto que, al haber una relativa transparencia en el gobierno de Europa, la investigación pueda llegar a afectar a las políticas públicas. Esta conexión implica creer, de forma valiente, en la meritocracia, en la convicción de que una buena idea llegará a la cima gracias a la fuerza de sus virtudes, ya que todas las ideas tienen la oportunidad de ser reconocidas por su valor intrínseco. Este razonamiento es ciertamente idealista e ingenuo, pero no está mal como aspiración.

El principal problema es que una administración que tiene como objetivo la máxima transparencia también se convierte en un sistema de información pública exhaustiva: ya no se toman las decisiones por el capricho de una persona o de su cuñado, sino que son el resultado de innumerables formas, reglas, comités, plazos; en resumen, números y complicaciones numéricas. El poder pasa efectivamente de los grupos que han heredado sus privilegios a aquellos que Hobsbawm (1990, 111 y ss.) identificó provocativamente como «the lesser examination-passing classes» [«las clases menores con instrucción escolar»]1. Es decir, las personas que llegaron a donde están por haber rellenado los formularios de manera correcta y por haber formulado y obedecido una cantidad ingente de reglas insignificantes, generalmente en lenguas nacionales oficiales que ellos han pasado a defender. La burocracia impera y la meritocracia dinámica se tambalea.

Cualquiera que haya lidiado con la burocracia europea sabrá de qué estoy hablando. El precio que pagamos por una transparencia relativa es una serie de complicados procesos de toma de decisiones, largas demoras y una decidida falta de inspiración. No obstante, todo esto podría merecer la pena si se plantearan las preguntas adecuadas, si se recogiera la información adecuada y si se tomaran las decisiones adecuadas. E idealmente en un contexto en el que «adecuado» implica solucionar los problemas de forma creativa.

Contamos con un ejemplo muy cercano de lo que parece ser una burocracia ilustrada. Durante los últimos años, la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea ha estado realizando activamente estudios de traducción: plantean preguntas interesantes sobre los usos de la traducción y los servicios lingüísticos relacionados en Europa; encargan investigaciones sobre dichas preguntas o llevan a cabo la documentación internamente; y ponen los resultados a disposición del público a través de publicaciones en línea y conferencias públicas en Bruselas (que también están en línea). El resultado es una impresionante serie de publicaciones de la extensión de un libro y los correspondientes materiales en vídeo,1010.Véase http://​ec​.europa​.eu​/dgs​/translation​/publications​/studies​/index​_en​.htm. Último acceso en febrero de 2013. todos los cuales exhiben un considerable conocimiento y mucha perspicacia. Las publicaciones no solo preguntan sobre cuestiones profesionales y de formación que afectan a las necesidades internas de traducción de las instituciones europeas, sino que también evalúan la industria europea de la traducción en general, los problemas de la certificación de traductores, el crowdsourcing y las principales alternativas aparentes a la traducción, como el uso del inglés como lengua franca y la «intercomprensión» (en la que dos hablantes tienen un conocimiento pasivo de la lengua del otro). En definitiva, esto podría ser un ejemplo de una burocracia progresista, que se esfuerza por lograr la máxima transparencia en su proceso de toma de decisiones y genera una gran cantidad de datos interesantes a lo largo del camino. De hecho, podrían estar haciendo más o menos aquello en lo que los académicos de traducción deberían estar trabajando.

Tras mi implicación ocasional en esta iniciativa no puedo sino elogiar a las personas que han decidido invertir recursos de esta forma: detrás de la formulación de proyectos de investigación cortos y baratos, que abordan cuestiones muy específicas y no siempre se prestan a respuestas ideológicas automáticas, hay verdadera inteligencia. Además, algunos de los temas son, sin duda, valientes en su contexto internacional: el estudio del inglés como lengua franca (Comisión Europea 2011b), por ejemplo, no rehúye los inteligentes argumentos a favor de un monolingüismo restringido y la encuesta de crowdsourcing (Comisión Europea 2012a) reconoce que todo profesional de la traducción puede aprender de nuevos modos interactivos de producción de textos.

Entonces, ¿qué podría salir mal? Si bien la transparencia requiere información abundante, la toma de decisiones también exige una simplificación de alternativas. La transición de lo complejo a lo simple nunca es sencilla: se pierden cosas por el camino y siempre existe la tentación de aferrarse a las primeras respuestas que encajan con las orientaciones políticas establecidas. Hay varios casos en los que los argumentos convenientes se convierten en verdades aparentes y podemos encontrar poca lógica causal o evidencias empíricas. He aquí algunos ejemplos:

  • Un informe en el que los datos de entrada revelan problemas con las lenguas de los inmigrantes contiene una serie de recomendaciones que aparentemente solo afectan a las lenguas oficiales de la UE (Comisión Europea 2010; en Pym 2014).

  • El mismo informe enumera todas las ventajas de la traducción, sin considerar ningún inconveniente o alternativa.

  • El informe acerca de la intercomprensión (Comisión Europea 2012b) muestra hábilmente como la proximidad de las lenguas afines puede mejorar, y mejora, la eficiencia en el proceso de traducción y, en efecto, en la comunicación en general, pero de alguna manera evita la pregunta empírica central: ¿hasta qué punto la intercomprensión constituye una alternativa psicológicamente válida a la lengua franca? Resulta bastante fácil de comprobar: si los ejecutivos daneses quieren leer sobre una subvención y la información no está disponible en danés, ¿seleccionarán la información en sueco, en alemán o en inglés?

  • El mismo informe da por sentado que la traducción automática es más fácil entre lenguas afines, sin preguntarse si el rendimiento de la traducción automática estadística depende más del tamaño y la calidad de las bases de datos disponibles.

  • Se encargó un informe sobre los sistemas de certificación para traductores (Comisión Europea 2012c) después de que los legisladores decidieran cómo se podría construir un sistema de certificación.

Y así sucesivamente. El ejemplo más divertido es quizás el de la Agencia Ejecutiva en el Ámbito Educativo, Audiovisual y Cultural (EACEA en sus siglas inglesas), que encargó un informe sobre «la contribución del multilingüismo a la creatividad» (Comisión Europea 2009a). Es una cuestión interesante. Desgraciadamente, el informe solo puede afirmar que no hay pruebas empíricas de que el multilingüismo conduzca a una mayor creatividad, pero no hay que preocuparse: el informe llena unas 20 páginas para explicar por qué debería haber una conexión de todos modos. Sería gracioso si no estuviéramos pagando por ello.

En este contexto, los investigadores se sienten inevitablemente tentados a proporcionar a los legisladores todo lo que deseen. Esto puede suceder a pequeña escala y de forma inocua, como la convención de cortesía de declarar que se está construyendo sobre la base de la investigación previa de la Comisión en este ámbito. O puede adquirir proporciones bastante místicas, como en la repetida afirmación de que una sociedad con varios idiomas es más eficiente, productiva, creativa y/o feliz que una que solo tiene uno (todavía sigo tratando de entenderlo). O la nada despreciable afirmación de que el desarrollo de una gran industria de la lengua puede equipararse a la creación de riqueza (¿podría una brigada de bomberos generar riqueza si no hubiera incendios?). Las medidas de la política lingüística de la Unión Europea, que enmarcan la traducción, son tan sensibles que a veces resulta difícil pensar con claridad.

Los estudios de traducción en Europa, o al menos sus variantes académicas, han luchado por ir más allá de una insistencia positivista en el descriptivismo. Después de un debate pueril, ahora se reconoce generalmente, o eso espero, que los investigadores pueden y deben debatir las condiciones de éxito y que una de las cosas para las que se puede usar la investigación es la predicción probabilística del éxito o fracaso de la acción de un traductor. También admitimos en general que el investigador se encuentra inevitablemente posicionado dentro de la investigación y que, por lo tanto, la neutralidad no es fácil de encontrar en los mecanismos de la ciencia. Todo eso es positivo y progresivo. Y, sin embargo, en este contexto europeo concreto, en este momento en que la investigación está llamada, por fin, a desempeñar un papel en el ámbito de la política de traducción, hay que dar algo de peso a los datos y al coraje que se necesita para señalar que el mundo no está totalmente configurado a imagen de la ideología de la Comisión Europea. Puede ser necesario un compromiso básico con la investigación empírica, como un acto de resistencia, aunque ya no como un artículo de fe.

4.¿Información o acción?

He presupuesto que el desarrollo del estado de bienestar significa que la traducción afecta a algo más que al libre mercado: estamos ante cuestiones de obligaciones y derechos públicos como parte de la ciudadanía, lo cual resulta muy atractivo.

Algunos de los principales problemas lingüísticos del estado de bienestar pueden deducirse de los puntos mencionados anteriormente. A riesgo de repetición: estamos bien preparados para prestar servicios de traducción en las lenguas territoriales europeas, pero no tanto para proporcionarlos en la mayoría de las lenguas de los inmigrantes. Y la prestación de servicios está sujeta a procedimientos burocráticos en todos los pasos del proceso, incluidos aquellos que implican una traducción.

Dado que lo más importante para cualquier burocracia es que la información esté disponible de forma equitativa en los idiomas oficiales, los textos oficiales se traducen por la información, no por la posible interacción. Un ejemplo es el acervo legal de la UE traducido al finés o el turco, donde las frases numeradas tienen que coincidir, sin importar las reglas sintácticas o los patrones de cohesión. La Comisión es plenamente consciente de su prosa casi universalmente anodina, de su incapacidad para hacer que la idea de la ciudadanía europea sea remotamente inspiradora y del correspondiente desinterés por parte de la mayoría de los ciudadanos europeos. En un Plan de Acción de la Dirección General de Comunicación (Comisión Europea 2005b, 2) leemos lo siguiente: «Communication is more than information: it establishes a relationship and initiates a dialogue with European citizens, it listens carefully, and it connects to people. It is not a neutral exercise devoid of value, it is an essential part of the political process» [«La comunicación es más que información: establece una relación e inicia un diálogo con los ciudadanos europeos, escucha atentamente y conecta con las personas. No es un ejercicio neutro y sin valor; es una parte esencial del proceso político»]. Muy bien expresado. Sin embargo, la comunicación real es algo muy diferente. El resultado más obvio de todos los planes de acción son más planes de acción, procesos y reglamentos; en definitiva, más información.

Quiero sugerir que las traducciones oficiales no son una solución en este caso. Es más probable que formen parte del problema. La interactividad y la implicación requieren velocidad; afectan al aspecto performativo de la comunicación, a su propia naturaleza. Cuando se tienen que traducir determinadas partes de un diálogo, sea hacia uno, tres o veinticuatro idiomas, los mecanismos de la interacción y de la participación se ralentizan inevitablemente. Así, pasan a ser más precarios y proporcionan más información que motivación. Esto sucede, sobre todo, cuando la «traducción» se aborda a la manera occidental, que requiere idealmente una similitud cuantitativa y un intermediario discursivo ausente (Pym 2013, 61–69). Uno siente que la creatividad dentro de los límites de esa forma, con más interacción multilateral y más rapidez dialógica, podría acercarnos a una sensación de implicación compartida. Sin ningún intento de romper la forma de traducir o de hacerla más dinámica, es probable que la participación ciudadana se mantenga al nivel de naciones, sobre todo en los idiomas nacionales.

Cuestionar la forma de traducir de esta manera es cuestionar también la profesión; y no va a resultar fácil. El contraargumento principal será que los ciudadanos necesitan un acceso fiable a los textos legislativos; la oficialidad requiere exactitud. De hecho, no es un razonamiento erróneo. Sin embargo, sin una implicación activa, sin una comunicación propiamente dialógica, no puede haber un sentimiento de responsabilidad compartida y, por tanto, encontramos poca democracia en las leyes.

Al comparar las políticas de traducción en Australia y en la UE, Podkalicka (2007, 249) observa una «disjunction between the official EU language policies and lived cultural and linguistic heteroglossia» [«discordancia entre las políticas de las lenguas oficiales de la UE y la vivida heteroglosia cultural y lingüística»]. Eso, definitivamente, forma parte de lo que he mencionado más arriba. También señala, muy acertadamente, que las políticas necesitan operar «at the level of populations rather than political and economic elites» [al nivel de las poblaciones en lugar de al de las élites políticas y económicas»] (ibid.) y que la formulación de políticas de la Unión Europea requiere, por tanto, «greater diversity of sources, including voices of ‘real’ people rather than “experts”» [«una mayor diversidad de fuentes, que incluyan las voces de las personas “reales” en vez de las de los “expertos”»] (253).

En la actualidad, las personas que necesitan servicios de traducción no tienen nada que ver con los legisladores; rara vez se les escucha o se traduce para ellas. Sus representantes son los políticos, los burócratas y los universitarios como nosotros, que redactamos con una prosa oficial anodina que exige traducciones oficiales aburridas. Deberíamos trabajar más para explorar formas alternativas de comunicación.

5.¿Tecnología para mirar hacia atrás o hacia delante?

¿Y la riqueza? ¿Qué debemos hacer con la relativa prosperidad de Europa? Parte del dinero enmascara el coste escandaloso del creciente número de traducciones oficiales en las instituciones europeas, pero los burócratas son conscientes de ello y se esfuerzan por ahorrar. Tal vez sea más interesante la forma en que se invierten los recursos disponibles en tecnologías de traducción, lo que debería generar una mayor productividad y, por tanto, una mayor comunicación multilingüe y una democracia más viva; cabría esperarlo.

Sin embargo, los servicios de traducción en la Unión Europea no cuentan con un gran historial en el uso creativo de la tecnología. Han respaldado el sistema de traducción automática basado en transferencias Systran. Acatan la integración de sistemas basados en estadísticas en lugar de liderarla. Han mantenido el uso del paquete de memorias de traducción Trados, que es una gran herramienta, pero que tiene un precio artificialmente alto gracias, en parte, a su uso en las instituciones oficiales. Lo extraño es que no he visto ninguna cifra que sugiera que estas tecnologías hayan reducido el coste de las traducciones. Es más probable que su efecto se refleje en una mayor consistencia de la terminología y la fraseología, y en determinados actos de buena voluntad, como ofrecer la memoria de traducción de la DGT al público general.1111.Véase: http://​ipsc​.jrc​.ec​.europa​.eu​/index​.php​?id​=197#c2742. Último acceso en febrero de 2013.

Todas estas tecnologías se basan en la disponibilidad de memorias electrónicas, es decir, registros de bitextos anteriores. La memoria, por definición, mira hacia atrás. La de la DGT básicamente incluye los textos del acervo legal comunitario: las leyes del pasado, que tienen que traducirse pero que no se tienen que entender necesariamente de una manera dinámica. Al mismo tiempo, ahora las tecnologías interactivas nos permiten hacer mucho más que simplemente reproducir bitextos antiguos. La traducción se puede convertir en una actividad social y de socialización si se adaptan y se crean significados en vez de solo reproducir el pasado. A los burócratas y a las compañías privadas les gustaría saber más sobre cómo se puede llevar a cabo esta idea y deberíamos ayudarles a averiguarlo.

El sitio web oficial de la Unión Europea (http://​europa​.eu/) supone un ejemplo magnífico de tecnología retrospectiva. De hecho, uno puede encontrar toda la información que quiera en una gran variedad de idiomas, pero no percibirá nada de entusiasmo, ni de usabilidad, ni de implicación al usuario, ni nada que hacer. El sitio web sirve a los propósitos legales de la administración y poco más. Es bastante curioso ver una publicación como Web Translation as a Genre, publicada por la Dirección General de Traducción (Comisión Europea 2009b), en la que algunas menciones ocasionales a la necesidad de interactividad, que se completan con referencias a la Web 2.0 y a la campaña electoral de Barack Obama, chocan de forma tan obvia con las estrategias de traducción que se emplean en el sitio web Europa. O, para una comparación más directa, dediquemos un momento a cotejar el sitio web de Obama con el del presidente del Consejo Europeo (si llegamos a recordar quién es).

Nuestra riqueza nos proporciona los medios para hacer cosas apasionantes y ese deseo existe ciertamente en determinados ámbitos. Sin embargo, no nos encontramos de ninguna manera en una sociedad en la que las tecnologías de traducción apunten al futuro.

3.A modo de conclusión

Sin duda, los cinco puntos anteriores se superponen y las diferencias entre cualquiera de las conclusiones son, por tanto, muy forzadas; al final, todas dicen lo mismo. Nuestras lecciones para los estudios de traducción en Europa son las siguientes: (1) deberíamos considerar mucho más que las principales lenguas territoriales de Europa; (2) debemos estar más en contacto con las disciplinas vecinas, especialmente con los estudios de adquisición de lenguas (probablemente, sus especialistas se encuentren al final del mismo pasillo en el que trabajamos); (3) debemos estar preparados para hacer preguntas poco desagradables, más allá de los compromisos políticos de nuestras diferentes administraciones; (4) debemos estar preparados para cuestionar la viabilidad comunicativa de la forma de traducción occidental y de la profesión que la mantiene; y (5) deberíamos buscar tecnologías que estimulen la implicación y la interacción en lugar de la repetición de la información anterior.

Ya hay suficientes críticas y debates en el seno de las instituciones de la Unión Europea como para que ninguna de estas propuestas sea innovadora. De hecho, la misma organización que podría parecer que estoy criticando, la Dirección General de Traducción, ha planteado precisamente este tipo de preguntas, en un momento prolongado de autorreflexión crítica que puede resultar excepcional.

¿Son estas cuestiones, estos ámbitos de investigación y reflexión, de alguna manera exclusivos de Europa? En sí mismos e individualmente, probablemente no. Pero considerados en su conjunto y con respecto a su importancia relativa, quizás lo sean: la mayoría de otras partes del mundo tienen problemas mucho más elementales y urgentes que atender (en Estados Unidos, yo estaría hablando fácilmente de cuestiones de seguridad; en China, podría tener más que decir sobre los mercados de exportación como un aspecto importante que merece ser estudiado; en Oriente Medio, podría estar buscando formas más inmediatas de cambio político). En Europa, podemos permitirnos el relativo lujo de intentar perfeccionar una democracia territorial que aspira a ser multilingüe, multicultural, transparente y socialmente justa.

Notas

1.En los años 2011–12 y en 2012–13, la EST participó en dos proyectos de investigación para la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea, uno llamado The Status of the Translation Profession y otro denominado Translation and Language Learning. El adjetivo «europeo» puede, por tanto, habernos ayudado a atraer no precisamente subvenciones, sino simplemente dinero, pagado por la investigación realizada. Conviene señalar que fue la propia Dirección General de Traducción (¡y no los investigadores!) la que impulsó la conexión entre la Comisión Europea y la investigación en traducción, y la que convocó licitaciones expresamente para la investigación en la disciplina.
2. http://​isg​.urv​.es​/tti​/tti​.htm recoge unas 503 instituciones de formación de traductores (en 2013), aunque esta cifra debería ser sin duda más alta, dada la tasa de crecimiento en China, donde se abren alrededor de 10 programas nuevos cada año.
3.El alcance de esta mentalidad se puede ilustrar con un ejemplo: hay algo definitivamente antieuropeo en una asociación de intérpretes que es, de hecho, una empresa propiedad de dos personas, tal y como ocurre en Estados Unidos hoy en día (véase http://​www​.interpretamerica​.net/). Por otro lado, uno puede disfrutar con la Asociación Internacional de Profesionales Traductores e Intérpretes, que hace un uso mucho más simbólico de la ética y que critica abiertamente a una agencia de traducción argentina que «es famosa en la comunidad traductora por pagar tarifas bajas a sus traductores autónomos» (http://​www​.aipti​.org​/eng​/speaks​-out​/art6​-iaptis​-official​-protest​-against​-prize​-awarded​-to​-translation​-back​-office​.html). De hecho, sería algo ejemplar si el presidente de la asociación, que firma la protesta, no fuera el propietario de una agencia de traducción rival en el mismo país.
4.En los siguientes párrafos recurro al material estudiado para el proyecto de investigación denominado Translation and Language Learning (http://​www​.est​-translationstudies​.org​/research​/2012​_DGT​/tll​.html).
5.Luxemburgo, Países Bajos, Eslovenia, Malta, Dinamarca, Letonia, Lituania y Estonia. Véase el Special Eurobarometer 386. Europeans and their Languages (Eurobarometer 2012, 13): http://​ec​.europa​.eu​/languages​/languages​-of​-europe​/eurobarometer​-survey​_en​.htm.
6.Uno se fija en la forma literal en la que se tradujo esta oración del francés hacia el inglés en Austria. Al menos, el traductor puso en práctica lo que el documento predica. También existe otro pequeño problema: la ofuscación aparentemente atribuida a la traducción seguramente debería ser vista a través de la mente que traduce. Los supuestos efectos de la traducción no tienen por qué confundirse con los beneficios educativos de traducir.
7.Otto Monnien, 1940. “Dolmetscher – Sprachmittler.” En Der Sprachmittler. Mitteilungen der Reichsfachschaft für das Dolmetscher- und Übersetzerwesen in der Rechtsfront 1(1): 1–2. Citado en Salevsky 1998 (cf. Wilss 1999, 11; Pöchhacker 2006, 227).
8.Una «lengua propia de un territorio» es la de una «comunidad lingüística», definida como «any human society established historically in a particular territorial space, whether this space be recognized or not, which identifies itself as a people and has developed a common language as a natural means of communication and cultural cohesion among its members» [«toda sociedad humana que, asentada históricamente en un espacio territorial determinado, reconocido o no, se autoidentifica como pueblo y ha desarrollado una lengua común como medio de comunicación natural y de cohesión cultural entre sus miembros»]. Declaración Universal, Artículo 1.
9.Directiva 2010/64/EU del Parlamento Europeo y del Consejo del 20 de octubre de 2010 sobre el derecho a la traducción y a la interpretación en procesos penales: https://​eur​-lex​.europa​.eu​/LexUriServ​/LexUriServ​.do​?uri​=OJ:L:2010:280:0001:0007:es:PDF La directiva afirma que se debería garantizar asistencia lingüística gratuita y adecuada a los sospechosos o acusados. El único criterio de calidad es que este servicio de traducción e interpretación permita al sospechoso o al acusado «el pleno ejercicio del derecho a la defensa y que salvaguarde la equidad del proceso». (17)

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